La Predicación Del Tiempo – Cuento Completo (Ficción)

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CAPÍTULO 1 – EL LABORATORIO OLVIDADO
El año era 2030, y São Vicente do Sol — una ciudad brasileña de tamaño medio — vivía entre rascacielos futuristas y construcciones antiguas que resistían al progreso. Entre ellas, permanecía en pie el antiguo campus de la Universidad Municipal, cerrado desde 2021 por falta de fondos y sucesivos cambios administrativos. El lugar, antes lleno de estudiantes y movimiento, se había convertido ahora en un territorio de ecos, polvo y olvido. Jonas Nascimento, técnico en informática de 34 años y voluntario dedicado de la pequeña iglesia “Luz del Camino”, recibió una llamada extraña una mañana de martes. Un funcionario del ayuntamiento informó que se habían visto luces parpadeando en el edificio abandonado, acompañadas de ruidos intermitentes provenientes de equipos supuestamente apagados. — Es una falla eléctrica, seguro — dijo Jonas al aceptar el servicio. Pero en el fondo, sentía algo diferente. Como si aquella visita al campus escondiera algún propósito. Al llegar al edificio, encontró portones oxidados, ventanas rotas y la maleza avanzando sobre todo. El pasillo principal olía a moho, con hojas de papeles antiguos esparcidas por el suelo. Al fondo del edificio, una puerta metálica cerrada con un candado roto llamó su atención. Un pequeño cartel decía: “Laboratorio de Experimentos Temporales – Departamento de Física Avanzada.
PROHIBIDA LA ENTRADA
.” Jonas, con su fe tranquila y curiosidad involuntaria, sonrió. — No cuesta nada mirar… — murmuró. Al entrar, encontró una gran lona cubriendo algo que ocupaba casi la mitad de la sala. Al retirarla, se sobresaltó: ante él había una cabina metálica con puertas de vidrio grueso, cables pesados y un panel con decenas de botones. Era imposible no impresionarse. La cabina parecía una mezcla de cápsula espacial y cabina telefónica retro. En el centro, un panel digital apagado. Una etiqueta desgastada decía: “Prototipo: Máquina Crono-Transversal. NO OPERAR.” Jonas, sin intención real de activar nada, comenzó a examinar cables sueltos, intentando entender el origen de los ruidos reportados. Tocó un panel lateral… y la cabina despertó. Luces de colores se encendieron. Un zumbido creciente llenó la sala. El aire giró en espiral, arrastrando papeles, polvo y — antes de que Jonas entendiera lo que ocurría — su propia camisa. — ¡Eh! ¡Espera! — intentó sujetarse a una mesa, pero fue absorbido hacia el interior de la cabina. La puerta se cerró sola. El panel brilló. “Destino Temporal: 1500.” — ¿¡Qué?! ¡No, no, para! ¡PARA! — gritó Jonas, presionando botones al azar. Pero era demasiado tarde. El suelo desapareció. El sonido se extinguió. La luz lo fue todo. Y entonces… nada.
CAPÍTULO 2 – EL MUNDO QUE NO ERA EL SUYO
Jonas despertó sintiendo tierra húmeda bajo las manos. El cielo, de un azul intenso — más intenso que cualquier cielo visto en 2030 — se extendía sobre él. El aire olía a brisa marina y hojas frescas. El canto de los pájaros resonaba de forma casi exagerada, como si cantaran por primera vez en la historia. Se levantó despacio. — DIOS… ¿dónde estoy? A lo lejos, vio humo saliendo de una fogata. Se acercó. Un grupo de hombres, todos con ropas rústicas y armados con lanzas, conversaban en portugués antiguo. — ¿Quién va ahí? — preguntó uno de los soldados. Jonas levantó las manos. — ¡Paz! Yo… ¡no voy a hacer daño a nadie! Los soldados analizaron su ropa — vaqueros, camiseta, zapatillas modernas. Para ellos, aquello era más extraño que la magia. — ¿De dónde vienes, forastero? — preguntó el capitán, mirándolo con desconfianza. Jonas respiró hondo. No había una respuesta fácil. — Soy Jonas. Un hombre de DIOS. Los soldados hicieron la señal de la cruz. — ¿Un predicador? — preguntó el capitán. — Aquí, solo los autorizados por el Reino pueden predicar. Jonas frunció el ceño. — ¿Qué año… es este? Los soldados se miraron entre sí. — Año de Nuestro Señor mil quinientos — respondió uno con firmeza. — Tierras recién alcanzadas por los portugueses. Pronto serán colonias. Jonas se quedó helado. Realmente había viajado al pasado.
CAPÍTULO 3 – EL PRIMER CHOQUE CULTURAL
El grupo llevó a Jonas al campamento portugués, donde tiendas de cuero y madera se mezclaban con cruces improvisadas y altares rudimentarios. Sacerdotes, soldados y navegantes se movían como si estuvieran construyendo el mundo. Jonas intentó explicar que quería predicar amor, bondad y misericordia. Pero su manera — y sus “palabras modernas” — despertaban sospecha. — Tu forma de hablar es extraña — comentó el padre Esteban. — Y esa ropa… nunca he visto algo igual. Al principio, Jonas fue tolerado como un hombre perdido y confundido. Pero siempre que intentaba enseñar algo, era interrumpido. Una tarde, Jonas leyó en voz alta un versículo que sabía de memoria: — “Por tanto, todo lo que queráis que los demás hagan con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos…” El capitán lo interrumpió: — Esto es peligroso. Si predicas igualdad entre indígenas y cristianos, estás poniendo en riesgo el orden establecido. — ¡Pero todos podemos ser hijos de DIOS! — insistió Jonas. — No todos reconocen al DIOS verdadero — replicó el capitán. — Y eso nos da autoridad para guiarlos. Jonas comprendió entonces la magnitud de su misión. Y los obstáculos que enfrentaría.
CAPÍTULO 4 – ENTRE DOS CULTURAS
Cuando fue llevado a una aldea indígena cercana, Jonas quedó impresionado por la belleza, la organización y las costumbres. Cabañas circulares, niños corriendo libres, pinturas corporales vibrantes. Intentó conversar, pero la barrera lingüística era real. La joven Arani, curiosa e inteligente, se acercó. — ¿Tú eres el hombre que habla con el cielo? — preguntó, mezclando portugués rudimentario con palabras de su lengua. Jonas sonrió. — Hablo con DIOS. Pero DIOS habla con todos. Arani frunció el ceño. — ¿ÉL habla nuestra lengua? Jonas pensó, emocionado. — ÉL habla el idioma del corazón. Desde ese momento, Arani se convirtió en su amiga y puente cultural. Ella le enseñó palabras, costumbres, símbolos. Jonas, a su vez, enseñó sobre compasión, respeto y fe — no imponiendo, sino compartiendo. A los portugueses no les gustaba esto. Especialmente al capitán Albuquerque, un hombre rígido, convencido de la superioridad europea. — No confíes en ellos, predicador. Son salvajes. Jonas respondía siempre: — Salvajes son los que hieren sin escuchar. Pero esas palabras lo ponían en peligro.
CAPÍTULO 5 – EL SOLDADO DUARTE
Entre los portugueses, Jonas encontró un aliado inesperado: Duarte, un joven soldado que llevaba un peso en el alma. — No quiero dañar a los indígenas — confesó una noche. — Pero ¿cómo negar órdenes? Jonas habló largamente con él, noche tras noche. Habló de conciencia, valentía moral y paz interior. Duarte comenzó a protegerlo discretamente, avisándole cuando percibía que la hostilidad aumentaba entre los oficiales. — Al capitán no le gusta tu influencia — dijo Duarte. — Cree que estás dificultando el control sobre los nativos. — Controlar nunca fue predicar — respondió Jonas.
CAPÍTULO 6 – EL CONFLICTO DE LAS DOS FEES
La tensión aumentó cuando Jonas intentó impedir un castigo severo a un indígena acusado de desobedecer órdenes portuguesas. — ¡No hay razón para esto! — gritó Jonas al capitán. — ¡Déjame hablar con él! — Ya hablé. Tu misericordia es debilidad — respondió Albuquerque. — ¡La misericordia es humana! — insistió Jonas. El capitán lo empujó. — Cuidado, predicador. La herejía puede costar la vida. Jonas vio entonces el abismo cultural que separaba sus valores modernos de la dureza del siglo XVI. Una noche, Arani le dijo: — Tú hablas de amor… pero estos hombres del mar hablan de fuerza. ¿Por qué los tuyos son diferentes de ti? Jonas sintió el corazón oprimirse. — Cada tiempo tiene sus sombras. Yo vengo de uno en el que aún luchamos por superarlas. Arani tocó su mano. — Entonces quizá tu DIOS te envió aquí. Jonas no sabía si era verdad. Pero empezó a creer que había un propósito.
CAPÍTULO 7 – LA FE EN EL FUEGO CRUZADO
Durante meses, Jonas caminó entre los dos mundos. Ayudaba a los indígenas a cuidar heridas con conocimientos básicos de higiene moderna. Esto llamó la atención — y la desconfianza — de los sacerdotes. — ¿Cómo sabes de estas curas sin medicina? — preguntó el padre Esteban. — Conocimiento de donde vengo — respondía Jonas. — ¿Y de dónde vienes, al fin? — insistían. Jonas evitaba la verdad, temiendo ser considerado brujo o hereje. Pero la desconfianza crecía. Un día, un soldado encontró piezas metálicas de tecnología moderna que Jonas guardaba en el bolsillo, restos de la máquina del tiempo. — ¿Qué es esto? — preguntó el capitán. — Solo chatarra… — intentó disimular Jonas. Pero el capitán no le creyó. — Esto no es de este mundo. ¿Quién eres realmente? Jonas sabía: su tiempo allí estaba llegando al límite. CAPÍTULO 8 – LA TORMENTA Y LA MÁQUINA
Cierto día, una tormenta devastadora cayó sobre la costa. Relámpagos golpeaban la playa como espadas de fuego. En medio del caos, Arani corrió hacia Jonas. — ¡Ven rápido! ¡Cosas de metal del cielo cayeron cerca del agua! Jonas corrió. Y allí, sobre la arena mojada, encontraron fragmentos retorcidos de la cabina temporal. Un rayo probablemente había activado el sistema dormido, trayendo fragmentos del futuro de vuelta. Entre ellos, la puerta de la cabina emitía una luz tenue. El panel parpadeaba. Jonas se arrodilló. La oportunidad de regresar había llegado. Arani lo observaba con ojos tristes. — ¿Nos dejarás? — No pertenezco a este tiempo… — respondió Jonas. — Pero siempre estarán en mi corazón. Duarte apareció jadeando. — Vete antes de que llegue el capitán. Quiere arrestarte por brujería. Jonas abrazó a su amigo soldado. — Tienes un buen corazón. Nunca dejes que el mundo lo endurezca. El mar rugía. El viento azotaba. La puerta de la cabina pulsaba con energía. Jonas entró. — DIOS… guíame de regreso. Un resplandor lo envolvió. El mundo desapareció.
CAPÍTULO 9 – EL REGRESO Y LA LECCIÓN DE LOS SIGLOS
Jonas despertó en el mismo laboratorio abandonado. La lona caída, el silencio intacto, todo como antes. Pero él ya no era el mismo. Salió del edificio tambaleándose, respirando el aire de 2027 con asombro. Las calles, los autos, las personas… todo parecía a la vez familiar y extraño. Después de vivir entre indígenas y soldados del siglo XV, el presente parecía ruidoso, impaciente… y falto de conexión humana. En la iglesia, nadie creyó la historia que contó. Pero a Jonas no le importó. Él sabía lo que había vivido. Sabía el valor de cada vida que había tocado. Y sabía que la fe, el coraje y la compasión eran más grandes que el tiempo. De vez en cuando, por la noche, Jonas miraba el cielo y sonreía. Y se preguntaba: ¿Seguirían Arani y Duarte contando historias sobre el “hombre que hablaba con DIOS y venía del futuro”? Él esperaba que sí.
FIN
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Mira también el testimonio sobre el cáncer de mi hija y cómo Dios lo hizo desaparecer: Aquí.

Con amor en CRISTO,
Ayudante Misionero Freitas

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